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El nuevo Poder Popular: la Asamblea Nacional Constituyente

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La nueva geometría del poder

Desde la propuesta de reforma de la Constitución planteada en 2007 por el para entonces presidente Hugo Chávez se empezó a hablar en Venezuela del Poder Popular, que estaría a cargo de un nuevo modelo de Estado y sociedad (Estado comunal), en los que prevalecería la democracia participativa por encima de la representativa. Así, la voluntad del pueblo gobernaría prácticamente de manera directa.

Esta propuesta del partido de gobierno ya tiene 10 años, y a pesar de su rechazo popular a través de un referendo, con la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) el chavismo parece haber logrado finalmente su objetivo, pero no de la manera en que lo vendió, es decir, con el pueblo a cargo, sino con los que tienen el poder político y sin la participación de la gente.

El proceso constituyente es muestra de ello, pues la nueva ANC se instaló, pese a que no fue convocada por el pueblo, a diferencia de la Constituyente de 1999. En esta oportunidad los venezolanos no tuvimos la oportunidad de decir si queríamos o no que se redactara una nueva constitución porque desde Miraflores se aseguró que “no era necesario”.

Aunado a ello, se organizó una votación sin posibilidad de elegir entre varias ideologías y sin sufragio universal. La oposición política fue invitada a participar pero se negó por considerarlo contrario a la Carta Magna al violarse la soberanía popular.

De esta forma, una cuestionada cantidad de ciudadanos (más de 8 millones según el Consejo Nacional Electoral) escogió sólo entre los candidatos propuestos por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) como miembros de la ANC. Todo en un contexto plagado de irregularidades que concluyó con un escándalo cuando la empresa Smartmatic denunció que las máquinas de votación fueron manipuladas.

El Gobierno no necesitaba hacer trampa, porque al no haber competencia sólo podía resultar victorioso en ese proceso, sin embargo quería demostrar que los votantes de los constituyentistas fueron más que los que salieron a pronunciarse a favor de la consulta popular realizada el 16 de julio por la oposición.

La gravedad de lo ocurrido radica en que formalmente ya no hay democracia en Venezuela. Técnicamente hablando, hubo un golpe de Estado por la “violación deliberada de las formas constitucionales por un gobierno, una asamblea o un grupo de personas que detenta el poder”, tal como lo definen Nicola Matteucci y Gianfranco Pasqualino en la voz “golpe de Estado” de su Diccionario de Política, editado por UTET Librería, Torino, 2004. A ello se le suma el enorme poder de la Constituyente, que una vez instalada demandó el reconocimiento y la subordinación de todos los poderes constituidos y sustituyó formalmente a la Asamblea Nacional (AN) que sí fue electa por una mayoría de la población.

Por si fuera poco, la ANC decidió que puede legislar a su antojo y sin límites ni siquiera constitucionales. La Comisión de la Verdad es un ejemplo porque controla y le da instrucciones a los poderes públicos constituidos, incluso al Poder Judicial que ya se le puso a la orden.

En los términos de la Constitución, lo que ha ocurrido es una verdadera usurpación de soberanía, al pretender la ANC que el ejercicio del poder deviene de ella y no del pueblo como dice el artículo 5 constitucional.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Con la instalación de la ANC se termina de desmantelar el estado constitucional previsto en la Carta Magna vigente y queda todavía más a la luz pública el verdadero proyecto político del partido de gobierno, que es mantenerse en el poder a toda costa, incluso de la mayoría y de los más vulnerables que fueron los que inicialmente prometió defender. Los nombres pueden cambiarse, Poder Popular, Estado comunal, ANC, pero el poder en Venezuela desde hace 18 años lo detentan siempre los mismos.

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